El pasado 2 de enero el jugador de fútbol americano profesional Damar Hamlin del equipo Buffalo Bills de la National Football League (NFL) fue noticia internacional por ingresar en urgencias tras un paro cardiaco en mitad del partido que se estaba disputando. El jugador, que ya se encuentra estable y no tuvo complicaciones mayores, sufrió un fuerte traumatismo pectoral conocido como commotio cordis que produce un ritmo cardiaco irregular (fibrilación ventricular) y, a menudo, conduce a la muerte súbita, cuya primera causa asociada al deporte son las afecciones cardiovasculares, según la Sociedad Española de Cardiología (SEC).

Este tipo de fallecimientos se producen de manera inesperada durante la práctica deportiva o hasta una hora después de finalizarla. Pero, como apunta Fernando de la Guía, coordinador del Grupo de Cardiología del Deporte de la SEC, “aunque supone un acontecimiento dramático con importantes implicaciones en el ámbito clínico y social, la muerte súbita asociada a la actividad física en España es muy baja y la edad es un factor que condiciona su prevalencia. Se calcula que en nuestro país se registra 1 por cada 200.000 personas en menores de 35 y un caso por 18.000 en mayores de esa edad”.

Como señala una investigación realizada en el 2021 en la que participaron múltiples centros españoles, la muerte súbita asociada al deporte ocurre en un 96 % de los casos en deportistas recreativos, es decir, no profesionales de alto nivel, como es el caso de Hamlin. El trabajo, un estudio poblacional forense de 288 casos que tenía como objetivo determinar la incidencia de este fenómeno, las causas de la muerte y el tipo de deporte implicado, entre otros factores, apunta que el 63% de los casos se debió a una cardiopatía isquémica y que las enfermedades del miocardio fueron la segunda causa de origen cardiovascular, representando el 21 % de las muertes súbitas.

Actividad deportiva y factores de riesgo cardiovascular

El estudio de la SEC pone de manifiesto que la frecuencia de muerte súbita asociada a la práctica deportiva es notablemente más alta en varones que en mujeres, dándose 0,76 casos por 100.000 habitantes en los primeros frente a 0,01 en ellas. Es decir, casi la totalidad de fallecimientos de este tipo, el 99 %, se dieron entre la población masculina. “Estadísticas que concuerdan con los resultados de los registros de otros países. Se desconoce exactamente cuáles son las causas por las que se aprecia esta marcada diferencia, pero puede ser por diversas razones, entre ellas los efectos hormonales y los factores exógenos relacionados con el estilo de vida”, explica el experto.

Hábitos como la dieta, el tabaquismo, consumo de alcohol, intensidad de entrenamiento y sobre esfuerzo, así como el uso de esteroides y anabolizantes, más comunes en varones, podrían estar detrás de la diferencia estadística por sexos. Un estudio prospectivo que analizó los problemas cardiacos y potencialmente mortales tras carreras de larga distancia concluyó que del total de mujeres participantes, que representaban el 22% entre más 1 millón de corredores, solo una deportista registró un evento cardiaco serio. “No obstante, aunque cada vez hay un mayor incremento de participación femenina en el deporte, es importante subrayar que el porcentaje sigue siendo inferior a la del hombre, lo que podría explicar la menor incidencia”, destaca de la Guía, para quien también es muy importante no olvidar los tradicionales factores de riesgo cardiovascular.

“Según analizó el estudio realizado por la SEC, el más completo e importante que se ha realizado en España, la mayoría de los fallecidos por muerte súbita registraban alguna condición cardiovascular”, detalla el especialista. Como exponen los datos clínicos de los afectados, el 42% presentaba algún factor de riesgo cardiovascular (obesidad, hipertensión arterial, dislipemia, tabaquismo y diabetes mellitus), cifra que ascendía hasta el 62 % en los mayores de 54 años.“

Además de exponer las características de los deportistas que habían fallecido, los altos índices de obesidad o enfermedad coronaria, el trabajo también señala que el 96% de las muertes se dieron en deportistas recreacionales con un alto componente dinámico como el fútbol, con un gran consumo de oxígeno, y un alto componente estático o el ciclismo, que provoca un aumento de la presión arterial. Los datos indican que el peligro está, sobre todo, en «aquellas personas con alto riesgo cardiovascular que de vez en cuando se ponen a hacer deporte sin previo control médico”, expone de la Guía. No obstante, el experto insiste en destacar “la baja incidencia de muertes asociadas a la actividad física” y recuerda “que el deporte es la mejor medicina para la salud, sus beneficios están más que demostrados. La actividad física puede reducir el riesgo de muerte súbita casi en el 50% de la población general”.

Prevención y tratamiento

La primera medida para intentar disminuir la incidencia de la muerte súbita asociada al deporte es a través de un reconocimiento médico pre-participación deportiva, iniciativa con la que es posible detectar algunas de las causas que pueden provocar estos eventos fatales.

Como expone la SEC en su web, el electrocardiograma y el ecocardiograma son los puntos del screening que resultan más útiles para detectar deportistas susceptibles de muerte súbita, mientras que la historia y el examen físico muestran una baja sensibilidad y un elevado número de falsos positivos. “Para que un screening sea eficaz hay que identificar de forma fiable a aquellos deportistas con cardiopatía estructural, que es una de las causas más frecuente de muerte súbita relacionada con el deporte”, expone de la Guía. No obstante, como destaca el cardiólogo, “las implicaciones económicas de extender estos cribados a toda la población son muy grandes y existe la posibilidad de que se detecten falsos positivos o falsos negativos, con daños muy graves para el deportista y su entorno”.

Un electrocardiograma puede ser normal en el contexto de una miocardiopatía hipertrófica y un ecocardiograma normal no excluye la miocardiopatía arritmogénica del ventrículo derecho u otras causas genéticas de paro cardiaco. Un estudio de 2018 realizado en un destacado centro de cardiología deportiva en Londres concluyó que 6 de las 8 muertes cardiacas súbitas analizadas se dieron en futbolistas que no tenían anomalías detectables en las pruebas de detección.

En palabras del Dr. de la Guía, “incluso con el estudio más completo es imposible prevenir el 100 % de las muertes súbitas”, por lo que resulta imprescindible contar con desfibriladores externos automáticos (DEA) en lugares donde se realicen eventos deportivos y otros espacios públicos y que cada vez sean más las personas capacitadas para usarlos y formadas en reanimación cardiopulmonar (RCP) básica para saber actuar ante estos acontecimientos, “iniciando esta enseñanza en las escuelas”.

“Numerosos estudios han demostrado que una RCP temprana y la desfibrilación suponen los determinantes más importantes para la supervivencia y mejorar el pronóstico de las secuelas neurológicas después de un paro cardiaco”, destaca el experto de la SEC. Como señala un estudio danés del 2019, la supervivencia de pacientes que sufrieron un paro cardiaco fuera del hospital se duplicó cuando se podía acceder a un DEA cercano.

“El problema actual es la falta de disponibilidad de DEAs en lugares públicos y centros deportivos y que no existe formación suficiente en técnicas reanimación cardiopulmonar, algo mucho más habitual en países como Estados Unidos. En España nos falta mucho por avanzar en este sentido, incluso a nivel legislativo”, concluye el experto.

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