El debate sobre el daño del alcohol independientemente de la dosis es complejo y debe tener en cuenta los riesgos ciertos y los beneficios inciertos del alcohol

El abuso y la dependencia del alcohol son factores clave en el desarrollo del trastorno por consumo de alcohol, que es un problema social con importantes consecuencias económicas, médicas y psiquiátricas. La dependencia del alcohol puede asociarse a enfermedades hepáticas y pancreáticas graves que obligan a controlar el consumo de alcohol.

El conocimiento de los circuitos neuronales que subyacen al consumo, la dependencia y la abstinencia del alcohol ha mejorado en la última década al demostrarse cómo reducen significativamente la modulación remodelan la arquitectura funcional del cerebro a nivel córtico-hipocampal-talámico, amigdalar y mesencefálico córtico-estriatal. Estos hallazgos se suman al amplio cuerpo de conocimientos que respaldan el Plan Estratégico Mundial 2022-2030 de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de medidas para promover la moderación estricta del consumo de alcohol hasta alcanzar el objetivo de alcohol cero. Sin embargo, varias evidencias epidemiológicas y clínicas parecen subrayar el papel protector de cantidades moderadas de alcohol, y especialmente de vino, sobre determinados aspectos de la salud.

Alcohol y mortalidad
La relación entre el alcohol y la mortalidad ha sido objeto de numerosos estudios con resultados favorables, neutros o desfavorables, especialmente en lo que respecta a las dosis bajas o moderadas de alcohol/día y su correlación con la mortalidad por enfermedades cardiovasculares y/o neoplásicas, también con referencia al estatus social de los bebedores.

Factores concomitantes a la ingesta de alcohol, como la variabilidad genética, el hábito tabáquico, la obesidad, el sedentarismo o la dieta, pueden contribuir a la mortalidad de los bebedores de alcohol, lo que hace aún más compleja la evaluación del alcohol y la mortalidad

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